Recuerdo que fue en una tarde del ocho de julio. Mucha gente del pueblo estábamos en el entierro de Eleonora, la bella chica que apenas el día de la primavera fue escogida para ser la reina del pequeño carnaval que hacían allí. Nadie imaginó ese día que en tres meses estaría muerta y mucho menos que el mero día de su cumpleaños.
Aún me parece estar viviendo ese momento; el sonido lejano del tren al pasar, las hojas de los árboles paseándose fuertemente ante el fuerte viento anunciando una tormenta, los llantos terribles de su madre y cuando tuvimos que enterrarla apresuradamente porque la lluvia comenzó a caer con mucha intensidad.
-¡cómo puede una persona morir tan joven!- dijo la señora González sorprendida ante lo inesperado, dirigiéndose a su marido- Quizá si en ese preciso momento en que pasó el camión ella no hubiera ido a comprar el queso… ella aún estuviera con vida. Pero ¡qué va a saber uno en donde está su propia muerte!-
Comenzaba a anochecerse mientras yo observaba el cielo desde arriba de mi casa. La lluvia había parado y el cielo nublado no me permitía ver ninguna estrella. Escuché el reloj de la sala, marcando las 7 de la noche, esa hora calculé. De abajo me grita un compañero de la escuela. Bernandino se llamaba. Era el típico chico tímido del que todos se burlan que no falta en un salón de clases. Tengo bien grabado su rostro aterrado de ese anochecer del ocho de julio.
-¡Atropellaron a Braulio! ¡Atropellaron a Braulio!- -¿Qué?- le pregunto impactado, como si no hubiera entendido lo que me dijo-¡Que atropellaron a Braulio!-
-¿Está bien?- Le pregunté deseando que me respondiera afirmativamente. No me supo responder, así que me aventé de lo alto, no me importó el dolor al caer. Mi rodilla sangró y sin embargo me fui corriendo a averiguar qué estaba pasando.
Estaba Braulio a unos cuantos metros rodeado de gente. Era mi mejor amigo y lo primero que escuché decir es que él había muerto. Le grité para despertarlo, pero él parecía no escucharme, puse mi oído junto a su corazón, pero no latía. Eran demasiadas noticias fuertes para un solo día.
Cuando mi madre me daba un té para tranquilizarme ya estando en casa, tocan la puerta con desesperación. Presentí que era otra mala noticia y no quise saber nada más. Estaba aterrado, así que subí por las escaleras y me aventé a mi cama. Estaba algo húmeda, debido a ,la gotera del techo, así que decidí acostarme en el suelo. No sé a qué horas quedé dormido, pero esa noche no podía dormir. No imaginaba que los vecinos habían tenido un accidente la noche anterior y toda esa familia compuesta por seis había muerto. Entró mi madre sin decirme nada, sólo me miraba de una manera extraña.
-Supongo que sólo dormí dos o tres horas-Le dije sin querer mencionar lo que pasó con Braulio.
-¿no irás al velorio de tu amigo?-
-No quiero estar allí. ¿De qué sirve si Braulio sólo estará quieto, sin moverse? No quiero verlo de esa manera-
-Tienes que ir a darle el pésame a su madre-
-Ella sabe que lo siento, pero decírselo no le ayudará a sentirse mejor. Yo también me siento mal y estar allí me hará sentir peor-
-No tienes que hablar de esa manera. Te estaré esperando en la sala a que te arregles, porque iremos. De allí, iremos al velorio de los Martínez-
Me quedé paralizado, ignorando si se trataba de la familia de a lado o de otra familia apellidada de igual manera.
-Los vecinos de enseguida anoche tuvieron un accidente , pero como te miré muy nervioso, no quise …
-¿no quisiste qué?-le pregunté con desesperación
-Causarte otra impresión-
Ese ocho de julio fue raro, pero jamás llegué a pensar que estaba maldecido hasta que…
Estaba amaneciendo. Arranqué una hoja del calendario del siete de julio del año siguiente. Ese día quería salir a pasear en bici, pero como estaba lloviendo, mejor me quedé a observar la lluvia desde mi ventana. Los rayos eran mi pavor, cada vez que oía uno corriendo me iba a esconderme bajo mi cama. Afuera había cinco niños bañándose con el agua que caía, jugando con una pelota todos empapados. Culpé a mi imaginación, pero entre esos niños , me pareció ver a Braulio. Luego recordé que se cumplía un año de su muerte.
-Realmente si lo miré. ¿no creer que es mucha casualidad que justo el día que él cumple un año yo lo haya visto?-
-No juegues con algo así. Ya tienes 14 años y deberías madurar un poco más- Me dijo mi mamá no muy conforme por lo que le dije; no me creía y yo estaba desesperado por que entendiera que le decía la verdad-
-Créeme , no jugaría con algo así. Yo observaba a los niños jugar en la lluvia, cuando vi a Braulio entre ellos. Traía una camisa roja y un pantalón negro. Realmente así fue. Luego recordé que hoy es ocho de julio , una fecha en la que él murió. Ahorita vengo- Me fui corriendo dejando a mi madre furiosa por haber dejado la comida en la mesa.
-¡Espera, niño malcriado! ¡tienes que comer!
LA GRAN SORPRESA
Toqué la puerta en la casa donde vivió Braulio, pero nadie aparecía. Un gran susto me di al ver a un espantoso búho en la ventana que parecía observarme con gran cautela. Volví a tocar la puerta con más fuerza.
-¿Qué se te ofrece, niño?- Me pregunta su abuela. Tenía un aspecto como el de una bruja: cabello muy largo y maltratado, un vestido mugroso , y una verruga prominente en su enorme nariz.
-Mi nombre es Federico. Y supongo que se ha de estar preguntando qué hago aquí, pero si me permite pasar, podré explicarle con más calma.
A pesar de no parecer tener muchas ganas en comportarse servicial conmigo, me sirvió un café. Antes de traerlo, yo entré a una habitación y gran sorpresa me di al ver en la cama la camisa roja y el pantalón negro que apenas unos momentos le miré a Braulio. Pude asegurarme que no había sido obra de mi imaginación. Pues cómo sabría mi mente que justo esa ropa que me pareció verle a él… estaría en … al parecer su cama.
-¡Qué estás haciendo aquí!- Era la voz de la anciana.
-Si le digo no me creerá. Estoy seguro que …
-Dime lo que dices que no te creeré. No es tu problema si te creo o no, sólo dime-
-¿usted puso esa ropa de Braulio allí?-
-¿Quién más que yo? Su padre apenas tiene tiempo para venir a dormir y comer dos veces al día.
-Mire, yo miré a Braulio con esa ropa hace unos momentos-
-Braulio está muerto. Así que no digas más tonterías-
-¿por qué puso esta ropa aquí? ¿Era la favorita de Braulio?-
-No. Esta fue la ropa con la que murió. Yo la conservo y hoy decidí sacarla porque cumple un año de difunto. Pero ya me atarantaste con tus cosas. En pocas palabras, lárgate.
No podía quedarme tan tranquilo después del misterio en el que me encontraba. No podía entender qué estaba sucediendo. Pensaba que si es que no me estaba volviendo loco… era que… El espíritu de Braulio se me había aparecido por cumplir un año de muerto. En cuanto llegué a la casa, mi madre me dio una noticia que me dejó frío. La hija de doña Emilia, la señora que vendía quesos en el pueblo se había ahogado. Desde ese instante comencé a sospechar que el ocho de julio no era un buen día y comencé a tenerle miedo. Dos horas más tarde pasó otra tragedia, murieron quince personas más del pueblo por un accidente de el camión de don Raúl, un gran amigo de la infancia de mi difunto padre, que él no escapó con vida tampoco.
-Madre, este día es peligroso. No debes de salir de casa ni yo tampoco. Dile a fufo que se quede dentro-
-No pensarás que el cochino perro se meta a la casa- De su rostro se escapó una mueca de inconformidad- sólo por tus tonterías, tus supersticiones –
-Por favor, está bien, que fufo se quede afuera, pero tú no salgas de casa-
-Dame una razón. Falleció el mejor amigo de tu padre y debo ir a darle el pésame a doña Graciela-
-El ocho de julio… - pausé, no sabía cómo explicarle para que me entendiera. Sin permitir que prosiguiera se va a la cocina a terminar su mole poblano.
NO CREO QUE SEA COINCIDENCIA.
Minutos más tarde, llega la señorita Jessica buscando a mi madre. Traía galletas en una canastilla de obsequio para tomar las dos el café y chismear sobre los asuntos de las vidas de las demás personas.
-Pues debe estar desconsolada la madre de Lupita. ¡pero qué descuido dejar que su hija de apenas 10 años se le vaya al río-
-pues son accidentes que pasan- Dijo mi madre seriamente.
-¡Qué coincidencia que pasan dos tragedias en el pueblo, el mismo día, y eso que no es viernes 13-
-yo no creo en las supersticiones. Esas maneras de pensar déjalas a los retrasados mentales-
-No me ofendas. Las cosas se miran dependiendo del cristal de cada persona.
Mientras ellas seguían con su plática, yo las escuchaba detrás de el sofá en el que estaban.
Me voy a la habitación de mi madre y comienzo a buscar en el maletín de los papeles de la familia. Me encontré con el acta de defunción de mi padre y atraganté al descubrir que él falleció el 8 de julio. Me negaba a que eso fuera coincidencia, así que sin que me madre se diera cuenta me fui al panteón. Analizando las tumbas, encontré que en muchas de ellas las personas murieron el ocho de julio. No pude entender cómo es que nadie se había dado cuenta de esto, mientras miraba otra tumba más, siento una mano en mi hombro. Realmente me asusté y grité fuertemente, pero sólo era el anciano que se encargaba del aseo del lugar.
-Señor, no sé si usted se haya dado cuenta de una cosa muy extraña- Le dije mientras titubeaba- Muchas de estos difuntos murieron el ocho de julio. ¿no le parece demasiado raro?-
-Realmente si lo he notado. Pero si tú supieras…- Saltó sus verdes ojos y caminó unos cuantos pasos, cuando lo detuve.
-¿A qué se refiere?¿ acaso usted sabe algo?-
-Yo tenía veinte años de edad. Le ayudaba a mi padre con sus vacas… -Se quedó pensativo como sin tener ganas de hablar.
-Mi padre murió el ocho de julio. Mi amigo murió el ocho de julio pasado junto con Eleonora. Olvidé decirle que los vecinos de al lado esa noche se mataron en un accidente automovilístico. Hoy es ocho de julio, muere la hija de la vende quesos, quince personas más en un accidente. ¿Qué más va a pasar? ¿Saliendo de aquí me va a partir un rayo?-
-Pues en verdad no te sé responder esa pregunta-.
-Cuénteme lo que sucede con ese día-
-Es una historia un poco larga de contar. Además, yo tengo que seguir trabajando.-
-Sólo regáleme diez minutos. Si falta algo más por decir, vengo mañana, pero no me deje con la duda-
-Donde hoy es el teatro del pueblo, hace cuarenta y cinco años había una enorme casa donde vivía una mujer muy rara que muchos la consideraban bruja-
-¿por qué la consideraban bruja?-
-Ella acababa de llegar al pueblo, porque según lo que dicen, su abuelo le heredó esa casa, pero algo raro ocurrió con su llegada. Recuerdo que… yo estaba cuidando las vacas de mi padre a 5 km. De aquí, cuando miro pasar una carreta jalada por dos caballos. Me llamó la atención la persona que la manejaba. Era una anciana muy fea y muy bien vestida; se baja de la carreta para acercarse a mí y preguntarme si se encontraba cerca de este pueblo. Me llamó la atención tanto su mirada, era tan rara, tan intimidante y sobre todo el collar de la muerte que colgaba en su cuello. Por instantes me distrajeron esos ojos cuando ella me estaba hablando. Le respondí que le faltaban 5 km para llegar, a lo que ella sin decirme ninguna otra palabra más, ni siquiera de agradecimiento, se fue. Al día siguiente seis mujeres abortaron en el pueblo, atropellaron a el sobrino de la mujer más chismosa de allí y el único doctor que había allí, murió a causa de un infarto. Desde que ella llegó comenzaron a ocurrir cosas muy extrañas en el pueblo y la gente comenzó a considerarla bruja, además por el collar de la muerte que ella cargaba . Una mañana del ocho de julio ella salió de su casa. Recuerdo que al amanecer yo le llevé la leche. No mencionó ninguna palabra; se limitó sólo pagarme. Bueno, el caso es que… -miró el reloj de su pulso- Tengo que irme. Mi hermana me está esperando para comer. Lamento dejarte con la duda, pero otro día será.-
-Espere, no se vaya así. Iré a buscarlo a su casa esta tarde, si usted puede-
-Está bien. Te estaré esperando, para poder contarte con más calma-
Estaba desesperado por saber lo que ocurría. Pero sólo debía esperar a que llegara la tarde para que el panteonero terminara de contarme. Así que me quedé arriba de un árbol a esperar a que pasaran las horas para ir a su casa. Sabía que si llegaba a casa, mi madre no me dejaría ir, me castigaría encerrándome en mi cuarto por mi comportamiento rebelde ante ella. Cuando el sol se estaba metiendo, no dudé en buscar al anciano panteonero, que aunque no sabía su nombre , sabía su dirección, pues era quien antes le entregaba la leche a mi mamá o a mí mismo me mandaba a comprarla.
-Buena tarde. Ando buscando a… Bueno, no sé cómo se llama, pero es el señor que limpia el panteón-le digo a un señor de unos cuarenta años de edad.
-¿ A quién te refieres?-
-Pues al señor que hace unos años vendía leche aquí en el pueblo. Es un anciano-
-Me confundes- Me dijo dirigiéndome una mirada intensa- Quien años atrás vendía leche y limpiaba el panteón, era mi padre que ya está muerto.
-Más me confunde usted. Hoy estuve platicando con él. Recuerdo que años atrás yo venía a esta casa a comprarle leche, cuando él no iba a llevarla a mi casa. –
-Es que… - Pausó al no saber qué más podía decir.
-¿Qué sucede? –
-Es lo que no sé. Debes estar equivocado, niño. Yo vivo solo en esta casa-
-¿será acaso que su padre muerto se me apareció en el panteón?-
-¡No digas tonterías! –Me escupe la cara del coraje y casi me cierra la puerta, cuando apenas y logro entrar.
-Sal de mi casa!-
-Por favor, permítame salir de dudas. En este pueblo han pasado cosas muy extrañas y esta no se descarta. En realidad esta mañana platiqué con su padre-. Miro un enorme cuadro con la fotografía del anciano, en la que pareciera que me estuviese mirando-Él es- Le digo mientras lo señalo con el dedo. –Ese es el hombre de quien le hablo-
-Él tiene cuatro años que murió. No puede ser. Quizá …-
-Dígame cuándo murió. ¿El 8 de julio?-
-¿Cómo averiguaste eso?-
-Lo sabía. Usted no lo entenderá, pero ese anciano que hoy platicó conmigo en el panteón, es el mismo de la fotografía-
-No sé qué demonios hago hablando con un loco. Lárgate de mi casa o si no… te irá mal-
Me fui demasiado frustrado. Deseaba que me creyera, así que en seguida me fui nuevamente al panteón, esperando encontrar al anciano. Pero…¿cómo era posible que él me haya citado en su casa para platicarme la historia del 8 de julio y me haya enterado que tiene cuatro años de muerto. Me parecía estar dormido en una pesadilla. Estaba demasiado asustado, pero la duda era más fuerte, así que tenía que ser valiente.
-¡Hola, Señor panteonero! ¿Está aquí?- Le gritaba mientras recorría el panteón- ¡Tiene una historia que contarme!¡no pensará dejarme con la duda!- Después de buscarlo durante minutos, me siento en una tumba a esperarlo, pero después de unas horas, me cansé de hacerlo y me retiré. Ya estaba anocheciendo, y sabía que mi madre me regañaría, e incluso me castigaría. Sentía algo de alivio porque pronto acabaría el 8 de julio, pero por otros momentos, me invadía el miedo, porque aún no terminaba, y en cualquier segundo podría morir alguien más. Y no me equivoqué, pues El payaso del pueblo murió debido a la mordedura de un coralillo.
-¿A dónde andabas?-
-Sé que diga lo que te diga, de cualquier manera me regañarás. No entenderías mis motivos, así que me someto a tu castigo a partir de este momento-
-¡Eres un niño cínico! Te ordeno que te vayas a tu cuarto, pero te advierto que no saldrás de allí hasta en una semana. Debo quitarte esa rebeldía. Ya no quieres obedecerme.-
No me preocupó el castigo de mi madre. En ese momento solo me importaba averiguar la verdad, así que sabía de antemano que al día siguiente buscaría la manera de escaparme de casa. En la noche no pude dormir, sólo daba vueltas en la cama, tratando de explicar qué había sucedido en la mañana. Mientras tanto… a tan solo 2 km de allí , hubo un accidente automovilístico, en el que murieron 8 personas, de 9 que viajaban. Era la familia de los Velázquez, gente adinerada, pero muy humilde. El sobreviviente fue el abuelo Carlos, un anciano de 75 años de edad.
“DESPUÉS DEL 8 DE JULIO”
Nueve de Julio decía en la hoja del calendario que colgaba en la pared de mi cuarto. Sentí un profundo alivio; un nuevo despertar, salir vivo del 8 de julio, era muy buena noticia para mí. Así que me dieron ganas de salir a correr para celebrar la vida.
-¿A dónde crees que vas? ¿ no recuerdas que estás castigado?- Mamá estaba muy molesta y sólo me hizo esas dos preguntas y se fue.
Me sentía como un prisionero encerrado en mi cuarto, con el deseo frustrado de salir de casa para seguir investigando sobre el 8 de julio.
Canción inspirada en un accidente que le ocurrió a un amigo, llamado Ricardo.
Era una noche para divertirse. Estábamos tan felices, sin pasarnos por la mente que ocurriría la tragedia. Fue alcohol con volante a exceso de velocidad. Desperté recordando el acontecimiento.
Pero ellos no vivirán para contarlo. Jamás creí que esto pudiera suceder. Nunca imaginé que esa sería su última noche, Que tanta diversión acabaría en tragedia, que acabaría en tragedia.
Después del accidente, despierto en la camilla de un hospital, preguntándome qué está pasando, recordando el accidente.
¡Qué duro para mí que ellos hayan muerto!Jugamos con la muerte esa noche y ella resultó vencedora. Esa noche… nos divertíamos sin ser conscientes. Fue una noche tan divertida, pero para ellos la última
Estoy tan cansada de sentirme tan perseguida, tan amenazada, aprisionada día con día al miedo, sin poder soltarme, porque mi razón no es suficiente.
Cariño, tú dices que me entiendes, pero ni yo me entiendo; es algo complicado. Siento la angustia por la vida y por la muerte. Aunque por más que te lo explique no lo entenderías y no te pido que lo hagas…
Aunque por ser paranoica no significa que esté fuera de peligro, por eso no dejo de serlo, por más que lo intente. Esto me está enloqueciendo y no sé qué hacer. No sé cómo empezar
Porque sean menos mis temores.
Me manejo con exagerado cuidado, pero me falta paz y me sobran razones para estar en peligro. Por eso estoy cansada de llevar ese peso siempre.
Cariño, tú dices que me entiendes, pero yo sé que no, porque ni yo me entiendo. Siento la angustia por vivir o morir. Aunque por más que te lo explique no lo entenderías, y no te pido que lo hagas. Estoy tan avergonzada de ver en lo que me he convertido.
Hay momentos en los que deseo ser invisible, ser esto en silencio, sin embargo, siempre siento a la vida atacándome, la cordura dejándome.

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